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¿Es hijo mío el negrito?

¿Quiere saber si usted es el padre? Un laboratorio lo sacará de dudas con sus pruebas de ADN “sin dolor y sin presencia de la madre”.

Oiga, joven: ¿está ya cansado de huir de esa novia pesada que lo persigue con un niño en brazos, con la aviesa intención de que usted lo reconozca y colabore en su crianza? Dígame, buen hombre: ¿le amenaza su examante con llevarlo a los tribunales si no le pasa la pensión alimenticia de esas dos criaturas que le adjudica? ¿Y usted, señor? ¿Mira con recelo al tercero de sus vástagos, al que encuentra un leve parecido con el vecino? ¿Teme, como canta la cumbia, que el negrito no sea hijo suyo?.

Que no cunda el pánico! ¿Quiere saber si usted es el padre? Un laboratorio lo sacara de dudas con sus pruebas de ADN “sin dolor y sin presencia de la madre”, según el anuncio que aparece en los diarios. De esta manera, usted podrá anticiparse y trazar mejor su estrategia para afrontar las demandas de las pérfidas mujeres.Ahora yo voy y reflexiono: tiene bemoles que en un paraíso para la paternidad irresponsable, como es Guatemala, los laboratorios de genética dirijan sus mensajes publicitarios a los varones. Creo que a esa empresa le falla la mercadotecnia. No hay más que ir a las estadísticas. Según la CEPAL, el 36% de los hogares de este país tienen jefatura femenina, aunque otras fuentes indican que alrededor del 50% de las madres guatemaltecas son solteras. Cifras aparte, basta con estar en contacto con la realidad para percibir la dimensión del problema.

El mismo fenómeno se da en otros países con carencias educativas y altos niveles de pobreza. La elevada incidencia del abandono familiar refleja, sin embargo, una degradación moral y una permisividad social que va más allá de los indicadores económicos.

La irresponsabilidad paternal ni siquiera tiene relación con el machismo tradicional, que condena a la mujer a quedarse “con la pata quebrada y en casa”, atendiendo a los hijos y al marido, amo y señor, pero también protector y proveedor del hogar, en un reparto de funciones que se ha ido transformando con el tiempo. Nada que ver con el desprecio absoluto que sufren miles de mujeres en este y otros países de la región, que en el mejor de los casos afrontan solas la crianza de los hijos y, en el peor, tienen que mantener, además, al parásito inmundo que las explota sexual y económicamente.

La paternidad irresponsable se ve alentada por la indiferencia y por la ausencia de leyes que protejan a las madres y a los hijos. Costa Rica, donde el problema no es ni con mucho tan grave como aquí, aprobó el año pasado una ley sobre paternidad que ha puesto contra las cuerdas a todos los caraduras.

El proceso es muy sencillo: si el hombre no reconoce al hijo y se niega a someterse a una prueba de ADN, el niño quedará inscrito con sus apellidos y el deberá contribuir a su manutención, además de sufragar los gastos del embarazo y del parto, sin poder ejercer la patria potestad. El juez puede incluso decretar el embargo de sus bienes. Durante los primeros 21 días de vigencia de esa ley, mil hombres fueron denunciados por paternidad irresponsable.
 
En Guatemala, en cambio, el proceso judicial es lo suficientemente engorroso como para desalentar cualquier demanda. La mujer está desamparada por partida doble, porque el Estado es incapaz de garantizarle un respaldo legal ágil y eficaz.

Y en Perú, donde el abandono familiar está también muy extendido, el mismísimo presidente, Alejandro Toledo, que va de paladín de la honestidad, huye como un conejo del análisis de ADN solicitado por una adolescente que dice ser hija suya.

Todo un ejemplo vergonzoso de como eludir las responsabilidades sin mayores consecuencias. A la vista de cómo está el patio, y mientras el continente no siga el ejemplo alentador de Costa Rica, sospecho que los laboratorios de genética no van a hacer ningún negocio con las pruebas de paternidad.
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